Image/Identity: ¿Cuáles son algunos errores comunes con relación a la doctrine de la imagen de Dios?

Image/Identity: ¿Cuáles son algunos errores comunes con relación a la doctrine de la imagen de Dios?

En términos generales, los cristianos son propensos a tres grandes categorías de error con respecto a la doctrina de la imagen. La primera es no mantener el lugar correcto de la humanidad en el orden creado por Dios. La segunda es el reduccionismo que pretende hacer de una parte de nuestra humanidad el aspecto que define lo que significa ser humano. La tercera es la definición de lo que significa ser portadores de la imagen de Dios en términos de algo que hacemos, en lugar de lo que somos. Nos ocuparemos de cada categoría de error a continuación.

Primero, erramos con respecto a la doctrina de la imagen cuando fallamos en mantener la tensión teológica como lo hace la Escritura. Génesis 1 y 2 (especialmente 1:26) revelan que la humanidad fue hecha bajo Dios en y sobre el resto de la creación. En términos generales, casi todos los errores de la antropología nos ponen arriba, semejantes a Dios, o nos empujan hacia abajo, para ser animales como el resto de la creación.

El primero es común cuando se pasa por alto la depravación humana y hay una creencia errónea de que somos de alguna manera parte de lo divino, como es habitual en el panteísmo y el panenteísmo, como si tuviéramos al menos una chispa de la divinidad dentro de nosotros.

Lo último es común cuando los seres humanos son vistos como poco más que animales altamente evolucionados, incapaces de negar nuestros instintos depravados. Esto explica por qué, por ejemplo, cosas tales como el pecado sexual suelen ser toleradas en nuestra cultura. Según esta opinión, somos poco más que animales y por lo tanto no tenemos la capacidad de vivir por encima de nuestros deseos básicos y pecaminosos, lo que en realidad es una forma sencilla de disculpar y promover el pecado con la excusa de la evolución. Además, aquellos que sostienen el pensamiento evolutivo, el ecologismo radical y el activismo por los derechos de los animales están más propensas a ubicar a la humanidad en o cerca del mismo nivel que las plantas y los animales. Ejemplos de este error incluyen los esfuerzos legales ocasionales para extender los derechos humanos a los animales tales como los chimpancés que en realidad están siendo considerados en algunos tribunales como casos aceptables.

Segundo, numerosos errores surgen cuando se cree que, en lugar de ser portadores de la imagen de Dios, tenemos la imagen de Dios en alguna parte específica de nosotros. Esto se conoce como el punto de vista sustantivo y ha sido la posición predominante de la historia. Paul Ramsey escribe que, en esta forma de pensamiento, la imago Dei se refiere a «algo dentro de la forma sustancial de la naturaleza humana, alguna facultad o capacidad que el hombre posee» y que distingue «al hombre de la naturaleza y de otros animales» (1).

La verdad es que no es solo una parte de nosotros la que lleva la imagen de Dios, mientras que el resto de nosotros no. Por el contrario, tenemos totalmente (mente, cuerpo, alma, etcétera) la imagen de Dios. Cuando se piensa que una parte de nosotros tiene la imagen de Dios, o por lo menos el aspecto que define lo que significa ser humano, ella es entonces elevada por encima del resto de nuestra persona de diversas maneras.

Para algunos, somos completamente materia de tal modo que nuestro cuerpo es la totalidad de nuestra humanidad. Los defensores de esta creencia niegan cualquier aspecto inmaterial o espiritual de nuestro ser, tal como el alma. El ateísmo y la negación de la vida después de la muerte son creencias comunes relacionadas con esta posición.

Para otros, es la mente, nuestra capacidad de razonar, de comunicarnos, de aprender y similares, el aspecto que define lo que significa ser humano. Este tipo de creencia era quizás el más popular durante la era de la modernidad, que estuvo marcada por el racionalismo.

Tal vez el error más popular para aquellos que están orientados religiosa y espiritualmente es la creencia de que solo el alma es el aspecto que define lo que significa ser humano. Incluso el gran maestro de la Biblia Juan Calvino se equivocó al elevar el alma inmaterial al nivel de lo que la Biblia señala como imago Dei. En algunas religiones orientales (por ejemplo, el sijismo, el bahaísmo, el hinduismo), nuestro cuerpo físico tiene poco valor, lo que explica por qué utilizan la meditación y el yoga en un esfuerzo por conectarse con su alma y desconectarse de su cuerpo.

Muy popular desde la época romántica es la creencia de que la esencia de nuestra humanidad se encuentra en nuestros sentimientos y emociones. En esta ideología, ser humano implica estar profundamente conectado con los sentimientos, y el peor de los pecados es no ser fiel a las propias emociones. Este tipo de pensamiento es promulgado por corrientes tales como la psicología popular y la enseñanza prevaleciente sobre el amor propio y la autoestima. El resultado es que somos definidos no tanto por el amor de Dios hacia nosotros, sino por nuestro amor hacia nosotros mismos. Algunos incluso tratan en vano de «cristianizar» este pensamiento diciendo que el aprender a sentir amor por nosotros mismos nos permite en cambio amar a Dios, cuando la Biblia dice que Dios nos ama primero (2). Además, la consecuencia práctica de esta enseñanza es que debemos ser fieles a nuestros sentimientos por encima de los mandamientos de Dios. Esto es una excusa para el pecado en nombre de ser fiel a uno mismo, lo cual con frecuencia y simultáneamente resulta en ser falso con Dios.

Por último, a medida que psicólogos tales como B.F. Skinner se han popularizado, es cada vez más común para las personas definirse en función de su entorno. Esta enseñanza dice que lo que somos es en gran parte el resultado de nuestro medio ambiente, así que, generalmente hablando, somos víctimas de las condiciones ambientales que están más allá de nuestro control. En términos populares, esto explica por qué tantas personas están inclinadas a culpar a sus genes, a su padre, a la economía, a los medios de comunicación y a la cultura por lo que son y cómo actúan. En cierto modo, esta es una versión más sutil y refinada de «echar la culpa» que nuestros primeros padres hicieron cuando Dios los confrontó respecto a su pecado. El problema con cada uno de estos errores se encuentra en Romanos 1:25, que define la idolatría como adorar cualquier cosa creada. Al tomar un aspecto de nuestro ser (por ejemplo, cuerpo, mente, alma, emociones, medio ambiente) y considerarlo como el aspecto definitivo de lo que significa ser humano, somos culpables de adorar esa parte de nuestro ser, en lugar de vernos a nosotros mismos como una persona completa portadora de la imagen de Dios.

El tercer error con respecto a la imago Dei se produce cuando definimos nuestra humanidad en términos de las cosas que hacemos. Este punto de vista a menudo se llama el punto de vista funcional ya que hace énfasis en una función humana, usualmente, el ejercitar dominio sobre la creación (3). El problema con esta perspectiva es que los que no son capaces de funcionar como la mayoría de la gente lógicamente serían considerados como menos humanos que el resto de nosotros. Sin embargo, el no nacido, el enfermo, el comatoso, el anciano y similares son tan portadores de la imagen de Dios como los que pueden hacer ciertas cosas.

En síntesis, creemos cinco cosas en relación con la imago Dei. (1) Los seres humanos son los únicos portadores de la imagen de Dios. (2) Como portadores de la imagen de Dios los seres humanos están bajo Dios y por encima de la creación inferior, y un gran error surge cuando son levantados hacia Dios o empujados hacia abajo con los animales. (3) Los seres humanos son imagen de Dios, y este hecho no está limitado a algún aspecto de su persona o desempeño. (4) Como portadores de la imagen de Dios, los seres humanos tienen dignidad, valor y mérito particulares. (5) Como portadores de la imagen de Dios, los seres humanos fueron hechos para reflejar a Dios como un acto de adoración, el cual solo es posible cuando nos volvemos hacia él.

 

Notas:

1. Paul Ramsey, Basic Christian Ethics [La ética cristiana básica] (Louisville, KY: Westminster, 1950), 250, énfasis en el original.

2. 1 Jn. 4:10]

3. Para otro resumen de ayuda sobre estas opinions, ver Millard J. Erickson, Christian Theology [Teología cristiana] (Grand Rapids, MI: Baker, 1998), 517–36.