Satan and Demons: ¿Cómo ataca Satanás nuestra identidad?

Satan and Demons: ¿Cómo ataca Satanás nuestra identidad?

Lo que haces viene de quien eres. Como cristianos, vivimos desde nuestra identidad, no para nuestra identidad. Somos definidos por quienes somos en Cristo, no por no que hacemos o fallamos a hacer para Cristo. Cristo nos define por quien Él es y lo que ha hecho para nosotros, en nosotros, y a través de nosotros. Comprender esta información es la clave de su transformación. Cuando sabes quien eres, sabes como vivir. Si tu identidad está basada en tu relación con Dios sobre todas las circunstancias de tu vida, puede sobrevivir cualquier prueba.

Satanás declara guerra en nuestra identidad porque sabe que es esencial en la relación entre nosotros y Dios. Satanás no pudo aceptar la identidad que Dios le dio porque quería crear su propia identidad aparte de Dios. Nos tienta a hacer lo mismo, lo cual es demoníaco. Dios te creó con una identidad, y Satanás quiere que viva con una identidad falsa.

La guerra demoníaca en la identidad comenzó cuando nuestros primeros padres, Adán y Eva, encontraron la serpiente, quien fue «más astuto» que todo lo demás que Dios había creado (1). La serpiente comenzó por atacar la identidad de Dios, «—¡No morirán! —respondió la serpiente a la mujer—. Dios sabe que, en cuanto coman del fruto, se les abrirán los ojos y serán como Dios, con el conocimiento del bien y del mal» (2).

Como cristiano, debes basar tu identidad en dos cosas, los dos más importantes que puedes aprender a través de estudiar la Biblia: (1) quién es Dios, y (2) quien Dios dice que tú eres. No es sorprendente que muchos ataques demoníacos comienzan con la identidad. Si tienes una visión errónea de Dios y/o de quien eres en relación con Dios, pierdes control de tu vida, como lo que pasó a Adán y Eva.

Satanás quería que ellos vivieran desde una identidad aparte de Dios para que «serán como Dios». Anteriormente, Dios dijo, «Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo» (3). Dios nos creó en su “imagen” y todo lo que tenemos que hacer es recibir esta identidad. Cuando Satanás tentó a nuestros primeros padres, les mintió porque ya eran “como Dios” y solamente tenían que confiar en ese hecho por fe.

Satanás intentó este mismo truco con Jesús. Lucas 4:1-13 dice que Jesús pasó cuarenta días en el desierto, donde «fue tentado por el diablo». Luego, «el diablo le dijo: Si eres el Hijo de Dios». Satanás estaba atacando la identidad de Jesús como Hijo de Dios. Pero antes, en el bautismo de Jesús, Dios Padre dijo, «Tú eres mi Hijo muy amado y me das gran gozo» (4).

No hay ninguna autoridad en toda la creación igual o superior a Dios el Padre. Cuando Jesús dice que es el Hijo de Dios, es un hecho permanente. Con la presencia de la trinidad en el bautismo de Jesús, el Espíritu Santo viene a fortalecer a Jesús a vivir su identidad como Hijo, que también hace hoy para los cristianos.

¿Puedes ver como Jesús vivía desde la identidad que recibió del Padre, no de uno que creó para sí mismo? Antes de que Jesús predicó un sermón, preformó un milagro, o echó un demonio, el Padre sentía «gran gozo». Lo mismo es cierto para ti. Eres un hijo de Dios, y esa identidad está fija. Puedes vivir en esa identidad con alegría y felicidad, sabiendo que el amor del Padre está seguro.

Fuerzas demoníacas frecuentemente atacan a las identidades de los cristianos, pero normalmente no somos conscientes. Al igual que un jugador de póker con un “tell”, el sutil comportamiento de Satanás es detectable. Hablando a Adán, Jesús y tú, los demonios hablan en la segunda persona, o ustedes. A Adán y Eva, Satanás dijo, «Ustedes no morirán» y «Ustedes serán como Dios». Hablando a Jesús, Satanás dijo dos veces, «Si eres el Hijo de Dios».

Cuando hablas de ti mismo, usas el pronombre de la primera persona, “yo”. Cuando alguien más te habla, usan el pronombre de la segunda persona “tú”. Cuando un ser físico nos habla en la segunda persona, reconocemos fácilmente quien nos habla. Pero cuando un ser espiritual nos habla en la segunda persona, debemos decidir si estamos escuchando a Dios o al diablo y sus demonios. A veces cuando un demonio nos habla, podemos ignorar el hecho de que es un demonio porque no los podemos ver.

Aquí están algunos ejemplos de ataques demoníacos comúnmente lanzado a las identidades de los cristianos, que son mentiras falsas que contradicen la verdad de lo que Dios dice sobre su gente:

  • Tú no vales nada.
  • Eres un fracaso.
  • Obtuviste lo que merecías.
  • Nunca vas a cambiar.
  • Tú estás desesperado.
  • Eres asqueroso.
  • No eres un verdadero cristiano.
  • Dios está harto de ti.
  • Si la gente supiera cómo eras realmente, todos te odiarían.
  • Probablemente vas al infierno.
  • Deberías matarte.

Frases de esta variedad son demoníacas. Nuestro Padre no dice cosas así a sus hijos.

Trágicamente, muchas personas ignoran lo demoníaco y piensan que están diciendo cosas así a sí mismos. Asumen erróneamente un diálogo interno negativo y una baja imagen de sí mismo cuando la verdad es que están bajo ataque. Esto lleva al autodesprecio.

Peor aún, algunas personas confunden los mensajes demoníacos como una Palabra de Dios. Esto lleva al desprecio de Dios, ya que Satanás es tan complicado que tratará de hacerte creer que su ataque es en realidad de tu Padre celestial.

Cuando recibes un mensaje sobre tu identidad en la segunda persona, debes probarlo por la Palabra de Dios. Jesús hizo esto. Cuando Satanás atacó su identidad, siguió citando las Escrituras porque la verdad arroja mentiras y la luz arroja oscuridad. Jesús siguió diciendo: “Está escrito…” y citando las Escrituras. Jesús no se puso a la defensiva ni se vio obligado a discutir. Jesús permitió que la batalla fuera entre el enemigo de Dios y la Palabra de Dios porque esa es una batalla que la Palabra siempre gana.

Si olvidas esto cuando el enemigo ataca tu identidad, terminarás como la triste historia de Gladys. Tendrás un Dios que te ama y está presente contigo todos los días como un esposo, pero no recordarás quién es Él ni quién eres.

 

Notas:

  1. Gn. 3:1
  2. Gn. 3:4-5
  3. Gn. 1:26
  4. Lc. 3:22